El Hobbit siempre ha sido para mí sinónimo de descanso. Es un libro sin más pretensión que la de hacerte pasar un buen rato en la Tierra Media preocupándote solamente de que ese pequeño hobbit llegue lo menos maltrecho a casa.
Con ese espíritu fui a ver la película; quería sumergirme durante casi tres horas en ese genial mundo visual creado por Peter Jackson, siguiendo los pasos a una dicharachera panda de enanos en la búsqueda de su tesoro. Por eso tal vez he salido contenta de la sala. Era justo lo que me esperaba.
Bilbo Bolsón me parece un personaje entrañable, al igual que Gandalf. Ambos siguen el patrón ideado por Tolkien a la perfección. Por otro lado, la intromisión de orcos y elfos de Rivendel en la historia -sí, una intromisión en toda regla - me parece un poco forzada, además de que despista un poco en lo que a la trama se refiere, además de quitarle protagonismo a otros acontecimientos, como es el caso, por ejemplo, del rescate por parte de las águilas.
Pero también es cierto que esto es cine y no literatura, por lo que se precisa de más acción, más chispa. Exceptuando a los orcos y elfos, los "añadidos" son correctos y sobre todo, espectaculares-me quedo con la batalla-tormenta en las montañas y el nivel de detallismo tanto de las arquitecturas faraónicas como de los intrincados peinados de los enanos.
Una película para una tarde de invierno como la de hoy.
