sábado, 23 de noviembre de 2013

Instantáneas permanentes o Postales de bolsillo.

El otro día hablamos sobre viajes en el tiempo, a raíz de la película "Una cuestión de tiempo" (altamente recomendable, por cierto). Sobre cómo alguien podía cambiar el curso de la Historia (o no) con un simple gesto. O cómo podía cambiar su propia existencia. Consecuencias y efecto mariposa, segundas oportunidades y ese tipo de cosas. 

Pero se nos olvidó lo que quizás sea en realidad lo más importante: volver para recordar. Y es ahora, cuando parece que la facultad no puede ser más tediosa, aburrida e inútil, cuando las cosas me superan y parecen insuperables y cuando mi pseudo-síndrome de Diógenes se encuentra en su máximo esplendor, cuando desearía tener una máquina del tiempo. Contando con que no parece que haya habido adelantos al respecto y que tenemos que conformarnos con el cambio de hora (ese horrible que se produce en invierno), he decidido hacerme una time machine casera. 
Ahí va la receta: 

1.- Lleve la cámara a donde quiera que vaya y haga fotos a lo que quiera que le resulte interesante. 
2.- Guárdelas (paso esencial).
3. En caso de necesidad, cójalas y piense: 
Dónde y cuándo.