Francamente, pensé que esta película me aburriría bastante. Que simplemente la vería por decir-valga la redundancia- "la he visto" y hacerme un poco la culta. Pero afortunadamente no fue así, y a pesar de los bostezos de mi desesperada familia, disfruté de esta historia tan eterna como el cine mismo.
En primer lugar, porque las imágenes son espectaculares. Desde la arquitectura futurista a los detallados planos de la maquinaria y objetos ,se percibe el deseo de hacernos creer que esta "metrópolis" es real, que no se trata de una mera quimera del director.
Por otro lado, los gestos de los actores me engancharon desde el minuto uno. Teatrales, exagerados pero tan válidos como cualquiera salido de los Actor´s Studio... solamente así podemos distinguir la locura de la máquina de la paz de María, el amor del joven Fredersen y el odio del pueblo obrero. Olvidándose de las palabras y trabajando con lo esencial.
Una película para verla con el mismo empeño con el que fue hecha.



Este cuatrimestre he estado haciendo un recorrido para historia del cine y, aunque todavía no sé demasiado, he aprendido a disfrutar películas tan bonitas como esta.
ResponderEliminarBonitas en el sentido de la imaginación y la fuerza para poder crear de esta manera tan compleja.
Suena muy cursi, pero supongo que poco a poco voy disfrutando de una manera diferente el sétimo arte :)