sábado, 15 de marzo de 2014

La piedra lila o tercera década.


En primer lugar, las presentaciones.

Piedra, estos son los cuatro gatos que me leen.
Cuatro gatos que me leéis, ésta es Piedra.

Bueno. He estado pensando esta entrada desde hace bastante tiempo, especialmente cómo iba a hacerle la foto a la Piedra. ¿En plan minimalista? ¿Que se vean mis manos? ¿Macro o de lejos? Pero como siempre, me he encontrado que una semana después de mi cumpleaños, aún no había hecho susodicha foto. Es lo que siempre pasa. Lo que siempre me pasa, si nos ponemos egocéntricos. Por eso no sale muy favorecida en la foto.

Volvamos al tema. La Piedra (sí, así, con mayúsculas).

En cuestión, esta piedra fue de los primeros regalos que recibí por mi nacimiento (un poco en plan ritual pagano... no sé si hubo sacrificio de cabra incluido. Espero que no). Al principio, la piedra era blanca, y lo ha sido durante muchos años. Pero, poco a poco, se vuelve morada. Supongo que será un proceso metamórfico que blablabá-blá-blá,  pero prefiero pensar que la Piedra cambia de color simplemente por el paso de los años, por la acumulación de momentos.

Y es aquí cuando más impotencia siento. Porque cada vez cuesta más que la piedra cambie de color. Porque los días son muy largos y al mismo tiempo, cortos. Porque siempre acabo preguntándome si esto es todo, o hay algo más.

1 comentario:

  1. la historia es de verdad?
    porque me parece un regalo de lo más curioso.
    a mi me encanta guardar toooodo lo que me regalan, o incluso cosas que encuentro y que me recuerdan a cada día (como una especie de diario, pero en cosas) aunque no tengo (creo) nada que me hayan regalado desde que nací.

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