No es el color del cielo una fría mañana de invierno.
No es azul Klein.
No es el vestido de Dorothy. Ni el de Bella.
No es el color de tus venas. Ni de las mías.
No es el tono cyan horrible de las capas en Autocad.
No son las gradaciones en la casa Batlló.
No es el azul gélido dentro de un glacial.
Ni siquiera una piscina olvidada y seca.
Es el fondo del mar visto desde un barco bamboleante.

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