Escuchar estos días canciones de Dylan sin plantearse el futuro de la Tierra y su aparente catástrofe cultural es igual. Extraño. Simplemente disfrutar (otra vez) de una canción triste.
No saber muy bien qué estás haciendo delante del ordenador, tecleando sin sentido en un día de clase, también. Infrecuente. En especial con la cantidad de cosas que tengo qué hacer.
Pequeños actos de ¿rebelión? ¿llamada? que no entiendo.
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